Vacíos

Son los fantasmas de los que medio mundo teme. Pasamos la vida entera intentando huir de ellos. Los llenamos con otros sentimientos, ya sea odio o amor, los llenamos con adicciones, los llenamos con personas.  Los odiamos, pero los odiamos con razón. Porque duele no sentir nada, porque a veces es preferible sentirnos enojados antes que vacíos. Porque el enojo se va en pocos días, pero el vacío dura y cuesta sanar. Nos lleva a cometer errores, nos lleva a arriesgarnos a todo solo para frenarlo, nos lleva a hacer un sinfín de locuras con tal de desprenderlo de nuestra alma. Sentimos que es una condena, un peso que debemos cargar.

 Es increíble lo que una persona puede provocar al irse de nuestras vidas. Es un momento de duelo para nuestro corazón. Un momento donde estamos vivos, pero nos sentimos muertos, y la vida se hace un poco más difícil, un poco más amarga, un poco más dura. Será que siempre le entregamos una parte de nosotros a una persona y nos sentimos completos mientras está con nosotros, pero todo cambia cuando aquella persona se va. Egoístamente se lleva algo que no le pertenece, nos deja un gran hueco en el alma, nos deja vacíos. 

Cuando todo sigue igual, igual de mal. La desesperación se agrava y comenzamos con aquella estúpida idea de llenarnos con lo primero que tengamos a disposición. La verdad es que nada funciona, nada es capaz de llenarnos si todavía no podemos sanarnos.  Tercos, sin escuchar a quienes intentan salvarnos, nos aferramos a adicciones, otras personas, cosas materiales, sentimientos destructivos para nosotros y para otros. El vacío nos convierte en monstruos, en personas que juramos que jamás seríamos. Nos miramos en un espejo y no nos reconocemos, somos otras personas, diferentes, un poco más rotos. 

Finalmente, terminamos dándonos cuenta de que  pasa.  Que al igual que todo, los vacíos pasan. Tal vez duelen un poco más que el resto, pero llegará un día en el que despertarás y solo sentirás ganas de volver a empezar. Dejarás de ser aquella persona destructiva y comenzarás a ser quien en realidad sos. Duelen, y cuestan sanar, pero siempre terminamos llenándolos. Y tal vez no con otras personas, sino con amor propio. Con ganas de querer y de quererse. 

Comentarios